La construcción del monumento, realizada casi exclusivamente
en mármol blanco procedente del monte Pentélico, fue iniciada por Pericles como
agradecimiento de la ciudad a los dioses por su victoria contra los persas, y
se desarrolló entre los años 447 y 432 a. C. Los arquitectos encargados de la
obra fueron Ictino y Calícrates y estuvieron, en la mayoría de los casos, bajo
las órdenes del arquitecto y gran escultor ateniense Fidias, autor de la
decoración escultórica y de la gran estatua crisoelefantina de Atenea Partenos
que estaba situada como pieza central del templo (medía doce metros de altura y
para su elaboración se necesitaron 1.200 kilogramos de oro).
El Partenón conservó su carácter religioso a lo largo del
tiempo como iglesia bizantina, como iglesia latina y como mezquita musulmana.
Pero en 1687, los turcos utilizaron el Partenon imprudentemente como depósito
de pólvora durante el sitio por la República de Venecia de la Atenas
dependiente del imperio otomano. Las tropas venecianas estaban bajo el mando
del almirante Francesco Morosini. Una de los cañonazos venecianos cayó en el
Partenón y causó una enorme explosión que destruyó gran parte de la
edificación, preservada en buenas condiciones hasta ese entonces. Hay leyendas
que sugieren que Morosini tenía información de que el Partenón se había
convertido en un polvorín.
El posterior proceso de deterioro y erosión continuó pero no
terminó ahí, sino que los daños siguieron a principios del siglo XIX, cuando el
embajador británico en Constantinopla, Thomas Bruce Elgin, decidió quitar la
mayor parte de la decoración escultórica que quedaba del monumento (frisos,
métopas, frontones) y trasladarla a Inglaterra para venderla al Museo
Británico, en donde todavía se exhibe, siendo una de las colecciones más significativas
del museo en la actualidad. La fachada occidental del Partenón está conservada
relativamente intacta.
Historia de el Partenón
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